sábado, 2 de mayo de 2009

Un poema para recordar

OBRERO DE LA CONSTRUCCIÓN


Era él quien hacía casas

Sobre el puro suelo llano

Como un pájaro sin alas

Subía el con las casas
Que brotaban de su mano.
Mas todo desconocía
De su grandiosa misión:
No sabía, por ejemplo,
Que toda casa es un templo,
Un templo sin religión,Como tampoco sabía,
Que la casa que él hacía,
Siendo su liberación,
Su esclavitud también era.
De hecho ¿cómo podía
-obrero de construcción-
Comprender por qué un ladrillo
Siempre vale más que un pan?
Al ladrillo colocaba
Él con su albañilería;
En cuanto pan –lo comía
Mas ladrillo, ¿quién tragaba?
El obrero así seguía
Con sudor y con cemento,
Alzando una casa aquí,
Allá, un apartamento,
Allí, una iglesia, al frente
Un cuartel y una prisión:
Prisión donde él estaría,
De no ser, eventualmente,
Obrero de construcción.


Pero él desconocía
Un extraordinario hecho:
El obrero hace la cosa
Y la cosa hace al obrero.
De forma que, cierto día,
Cortando, en la mesa, el pan,
El obrero fue tomado
De una súbita emoción
Al constatar asombrado
Que todo en aquella mesa
-Botella, plato, mantel-
Era él el que lo hacía,
Él, un obrero humildísimo,
Obrero de construcción.
Observó a su alrededor:
¡Sartén, vaso, palangana,
Banco, mesa, colador,
Vidrio, paredes, ventana,
Casa, ciudad, y nación!
¡Todo lo que allí había,
Era el quien lo construía,
Él, un obrero humildísimo,
Un obrero que sabía
Ejercer su profesión!

¡Ah, hombre de pensamiento,
Nunca conoceréis cuánto
Aquel obrero humildísimo
Aprendió en ese momento!
En esa casa vacía
Que él mismo había levantado,
Un mundo nuevo nacía
Del que nunca sospechara.
El obrero emocionado
Contempló su propia mano,
Su ruda mano callosa
De obrero de construcción,
Y con la mirada en ella
Lo sobrecogió el saber
Que no había en este mundo
Cosa que fuese más bella.
Fue con esa comprensión
De ese instante solitario
Que, como la construcción,
Creció también el obrero.
Creció a lo alto y lo profundo,
En tamaño y corazón
Y como todo el que crece,
Vió que no crecía en vano.
A más de lo que sabía
-Ejercer la profesión-,
Aquel obrero adquirió
Una nueva dimensión:
Dimensión de la poesía.

Y un hecho nuevo se vío
Que a todos los admiró:
Lo que un obrero decía,
Otro obrero lo escuchaba.
Así fue como el obrero
De la casa en construcción,
Que siempre decía "si",
Comenzó a decir "no".
Y aprendió a mirar las cosas
A que no daba atención:
Miró que su cantinita
Era el plato del patrón;
Que su cerveza barata
Era el Whisky del patrón;
Que su mono tan sudado
Era el traje del patrón;
Que la choza en que vivía
Era mansión del patrón;
Que sus pies tan andariegos
Eran ruedas del patrón;
Que lo duro de su día
Era noche del patrón;
Que su tremenda fatiga
La amiga era del patrón.

Y el obrero dijo “¡no!”
Y el obrero se hizo fuerte
Con esa resolución.
Y como era de esperarse,
Las bocas de la traición
Empezaron a babear
Al oído del patrón.
Mas el patrón no quería
ninguna preocupación:
-Convénzalo de lo opuesto-
Dijo él sobre el obrero,
Y al decirlo, sonreía...
Al otro día, saliendo
De la obra en construcción,
El obrero fue cercado
Por los de la delación
Y sufrió, por destinado,
Su primera pateadura.
Le escupieron en la cara,
Tuvo un brazo fracturado,
Mas cuando fue preguntado
El obrero dijo "¡no!"

En vano sufre el obrero
Esa primera agresión;
Muchas otras se siguieron,
Otras muchas seguirán.
Pero, por imprescindible
En la casa en construcción
El obrero proseguía,
Y todo ese sufrimiento
Se mezclaba con cemento
En la casa que crecía.

Sintiendo que la violencia
Al obrero no doblega,
Un día intenta el patrón
Usar el modo contrario:
De modo que fue llevándolo
Arriba a la construcción,
Y en un segundo de tiempo
Enseñóle la región
Y señalando el obrero
Le hizo esta proposición:
-Te doy todo ese poder
Para tu satisfacción,
Porque a mí me pertenece
Y se la doy a quién quiero.

Te doy tiempo de reposo,
Te doy tiempo de mujer…
¡Todo lo que ves, por tanto,
Será tuyo si me adoras,
Y lo tendrás, si abandonas
Lo que te hace decir no!
Dijo y vio luego al obrero
Mirando y reflexionando;
Mas lo que veía el obrero
El patrón nunca vería.
El obrero veía casas,
Y dentro, en sus estructuras,
Veía cosas, objetos,
Productos, manufacturas.
Vio aquello en que consistía
El lucro de su patrón
Y en las cosas que veía
Misteriosamente había
La marca que hizo su mano.
Y el obrero dijo ¡no!
-¡Locura!- gritó el patrón,
¿No ves lo que te estoy dando?
-Mentira –dijo el obrero-.
No puedes darme lo mío.

Y se hizo un gran silencio
Dentro de su corazón.
Un silencio de martirios,
Un silencio de prisión,
Un gran silencio poblado
Por pedidos de perdón,
Un silencio temeroso
Con el miedo en la soledad,
Un silencio de torturas
Y gritos de maldición,
Un silencio de fracturas
En la pavimentación.

Y el obrero oyó la voz
De tantos hermanos suyos,
De sus hermanos que han muerto
Por otros que vivirán.
Una esperanza sincera
Le creció en el corazón.
Dentro de la tarde mansa
Se agitó la razón
De un hombre pobre, olvidado,
Razón que lo transformara
De obrero de construcción
en obrero construido.

Vinicius de Moraes
Poema publicado en 1959 en el libro "Novos Poemas (II) 1949-1956"

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Wow! esta poesía la declamamos en un concurso de Secundarias aca en el estado de Durango…me hiciste recordar buenos tiempos…y nunca la había encontrado en internet hasta el día de hoy.

Saludos

Anónimo dijo...

Yo tambien la declamé en la secundaria.... aquellos tiempos...

vazquez dijo...

Yo tambien la declame en la Secundaria en el estado de Durango, en la Escuela Secuandaria Tecnica # 68

vazquez dijo...

Yo tambien la declame en la Secundaria en el estado de Durango, en la Escuela Secuandaria Tecnica # 68